Jesucristo es el centro y la fuente inagotable de energía de nuestra vida. Su llamado a la unión con Él es una invitación que siempre aceptamos de corazón. Respondemos a esa llamada mediante nuestra constante oración y nuestro amor sincero hacia Él, nuestros cohermanos y todos los seres humanos. Así como el apostolado y la oración fueron inseparables en la vida de Jesús, también nosotros anhelamos una mayor integración entre el apostolado y la oración en nuestro día a día. Toda nuestra existencia está arraigada en la profunda unión con Cristo. Deseamos profundizar constantemente en esta unión a través de la celebración de la liturgia, la reflexión de la Palabra de Dios, la oración personal y comunitaria, nuestra entrega total a la obra de salvación y nuestro encuentro cotidiano con Cristo en cada persona y en todas las experiencias que la vida nos presenta.
