Amadísimos: Enseñen a todos los pueblos, especialmente a los niños, a conocer al verdadero Dios y a su Enviado, Jesucristo. Les conmino en presencia de Dios y de Cristo, que juzgará a los vivos y a los muertos por su venida y por su Reino. Prediquen la Palabra de Dios, insistan oportuna e inoportunamente, argumenten, supliquen e increpen con toda paciencia y sabiduría. Vayan y proclamen a la gente toda palabra de vida eterna. Anuncien y escriban a todos sin descanso la doctrina celestial. Carísimos: esta es la voluntad de Dios, que todos conozcan las verdades eternas. Les insisto para que no dejen pasar ninguna oportunidad de anunciar la totalidad del misterio de Dios, a fin de que puedan decir con san Pablo: «Soy inocente de la sangre de todos». No dejen de amonestar día y noche a cada uno hasta las lágrimas. No ahorren nada que sea útil para anunciar y enseñar a todos el mensaje de Dios en público y de casa en casa (Beato Francisco María de la Cruz).
