Promoción Vocacional Salvatoriana

Promotor vocacional: Fr. Keyner Rafael Pereira Peralta SDS

Celular: 317-6205293 – 316-5005174

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HERMOSA CELEBRACIÓN EN LA QUE LOS RELIGIOSOS SALVATORIANOS PARTICIPANTES EN EL XV SÍNODO GENERAL, RECUERDAN EL AÑO DE ORDENACIÓN DEL BEATO FRANCISCO MARÍA DE LA CRUZ JORDÁN. LA ORACIÓN TUVO LUGAR EN EL SEMINARIO SAINT PETER (ALEMANIA).
Fr. Keyner Rafael Pereira Peralta SDS Promotor Vocacional
Todos dispuestos a continuar el camino

Este árbol frutal nació en un pequeñísimo hueco de una pared sólida. Esto nos da a entender que «quien quiere, puede». Tú puedes… El Señor te llama.

NORMAS PARA EL ACOMPAÑAMIENTO VOCACIONAL

Promoción vocacional en el Colegio de las Hermanas Escolapias de Medellín-Antioquia

ESTATUTOS PROVINCIALES: 6.5. La Provincia pide a los candidatos que aspiren a entrar en la Sociedad del Divino Salvador, una experiencia comunitaria en una de nuestras comunidades locales, en coordinación con el animador vocacional y el superior local.

6.6. la Provincia tiene un programa de prenoviciado elaborado por el Equipo de Formación Inicial de acuerdo con la Ratio Formationis Salvatorianae y aprobado por el Provincial y su Consejo.

6.7. Los candidatos aceptados a la vida religiosa en la Provincia Colombiana realizan al menos un año escolar de prenoviciado, durante el cual la comunidad y los candidatos disciernen sobre su idoneidad para la vida religiosa salvatoriana.

6.8. Para que un candidato sea admitido al pre-noviciado debe presentar:

6.8.1. Carta de solicitud de ingreso dirigida al Superior Provincial y su Consejo y aprobación de la misma.

6.8.2. Carta de recomendación del Promotor y de quien le hizo el acompañamiento.

6.8.3. Autobiografía detallada y completa.

6.8.4. Informes de un presbítero, religioso o religiosa, solicitados por el Animador Vocacional.

6.8.5. Partida de bautismo y confirmación; certificados de los estudios realizados; puntaje del ICFES exigido por la universidad; diploma de bachiller; fotos recientes; fotocopia de la libreta militar y cédula de ciudadanía.

6.8.6. Examen médico general, odontológico, oftalmológico y psicológico, que constaten su buena salud. Los profesionales que realizan estos exámenes son escogidos por el Animador Vocacional.

6.8.7. Debe tener una edad comprendida entre los 17 y 25 años, salvo algunas excepciones de quienes hayan cursado estudios de filosofía y teología o cuenten ya con un grado universitario. La edad máxima para ingresar es de 35 años.

6.9. Sólo se admiten candidatos provenientes de otras comunidades religiosas o seminarios diocesanos, si se les hace un seguimiento especial y riguroso, teniendo en cuenta los requeridos informes escritos y verbales de sus antiguos formadores.

6.10. Al finalizar el pre-noviciado el candidato debe mostrar: madurez psicológica, capacidad para el crecimiento en la experiencia espiritual en una vida según los consejos evangélicos, capacidad para vivir y trabajar en comunidad y capacidad para la acción pastoral.

El buen pastor buscando las ovejas. Foto del P. Milton Zonta SDS, superior general de la Sociedad del Divino Salvador, quien fue captado saludando unas cabras en las montañas de Pifo-Ecuador.

Bajo el título ‘Llamados a construir la familia humana’, el Papa Francisco habla sobre la vocación aportando cinco claves:

1. Llamados a ser todos protagonistas de la misión

“La sinodalidad es una vocación fundamental para la Iglesia, y solo en este horizonte es posible descubrir y valorar las diversas vocaciones, los carismas y los ministerios. Al mismo tiempo, sabemos que la Iglesia existe para evangelizar, saliendo de sí misma y esparciendo la semilla del Evangelio en la historia. Por lo tanto, dicha misión es posible precisamente haciendo que cooperen todos los ámbitos pastorales y, antes aún, involucrando a todos los discípulos del Señor. Es necesario cuidarse de la mentalidad que separa a los sacerdotes de los laicos, considerando protagonistas a los primeros y ejecutores a los segundos, y llevar adelante la misión cristiana como único Pueblo de Dios, laicos y pastores juntos”, escribe el Papa. Y añade: “Toda la Iglesia es comunidad evangelizadora”.

2. Llamados a ser custodios unos de otros, y de la creación

“La palabra ‘vocación’ no tiene que entenderse en sentido restrictivo, refiriéndola solo a aquellos que siguen al Señor en el camino de una consagración particular. Todos estamos llamados a participar en la misión de Cristo de reunir a la humanidad dispersa y reconciliarla con Dios. Más en general, toda persona humana, incluso antes de vivir el encuentro con Cristo y de abrazar la fe cristiana, recibe con el don de la vida una llamada fundamental. Cada uno de nosotros es una criatura querida y amada por Dios, para la que Él ha tenido un pensamiento único y especial; y esa chispa divina, que habita en el corazón de todo hombre y de toda mujer, estamos llamados a desarrollarla en el curso de nuestra vida, contribuyendo al crecimiento de una humanidad animada por el amor y la acogida recíproca”, señala.

Y agrega: “Estamos llamados a ser custodios unos de otros, a construir lazos de concordia e intercambio, a curar las heridas de la creación para que su belleza no sea destruida. En definitiva, a ser una única familia en la maravillosa casa común de la creación, en la armónica variedad de sus elementos. En este sentido amplio, no sólo los individuos, sino también los pueblos, las comunidades y las agrupaciones de distintas clases tienen una ‘vocación’”.

3. Llamados a acoger la mirada de Dios

“A esa gran vocación común se añade la llamada más particular que Dios nos dirige a cada uno, alcanzando nuestra existencia con su Amor y orientándola a su meta última, a una plenitud que supera incluso el umbral de la muerte. Así Dios ha querido mirar y mira nuestra vida. Su mirada de amor siempre nos alcanza, nos conmueve, nos libera y nos transforma, haciéndonos personas nuevas”, dice Jorge Mario Bergoglio.

Para el Papa, “esta es la dinámica de toda vocación: somos alcanzados por la mirada de Dios, que nos llama. La vocación, como la santidad, no es una experiencia extraordinaria reservada a unos pocos. La vocación es para todos, porque Dios nos mira y nos llama a todos. Dios ve potencialidades en cada uno de nosotros que incluso nosotros mismos desconocemos, y actúa incansablemente durante toda nuestra vida para que podamos ponerlas al servicio del bien común”.

En particular, “la Palabra de Dios, que nos libera del egocentrismo, es capaz de purificarnos, iluminarnos y recrearnos. Pongámonos entonces a la escucha de la Palabra, para abrirnos a la vocación que Dios nos confía. Y aprendamos a escuchar también a los hermanos y a las hermanas en la fe, porque en sus consejos y en su ejemplo puede esconderse la iniciativa de Dios, que nos indica caminos siempre nuevos para recorrer”, asevera.

4. Llamados a responder a la mirada de Dios

“La mirada amorosa y creativa de Dios nos ha alcanzado de una manera totalmente única en Jesús. La mirada llena de amor de Jesús se posa sobre cada una y cada uno de nosotros. Dejémonos interpelar por esa mirada y dejémonos llevar por Él más allá de nosotros mismos. Y aprendamos también a mirarnos unos a otros para que las personas con las que vivimos y que encontramos —cualesquiera que sean— puedan sentirse acogidas y descubrir que hay Alguien que las mira con amor y las invita a desarrollar todas sus potencialidades”, afirma Bergoglio.

Según explica el Papa, “cuando acogemos esta mirada nuestra vida cambia. Todo se vuelve un diálogo vocacional, entre nosotros y el Señor, pero también entre nosotros y los demás. Un diálogo que, vivido en profundidad, nos hace ser cada vez más aquello que somos: en la vocación al sacerdocio ordenado, ser instrumento de la gracia y de la misericordia de Cristo; en la vocación a la vida consagrada, ser alabanza de Dios y profecía de una humanidad nueva; en la vocación al matrimonio, ser don recíproco, y procreadores y educadores de la vida”. Y es que “toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras”.

5. Convocados para edificar un mundo fraterno

“Como cristianos, no solo somos llamados, es decir, interpelados personalmente por una vocación, sino también con-vocados. Somos como las teselas de un mosaico, lindas incluso si se las toma una por una, pero que sólo juntas componen una imagen. Brillamos, cada uno y cada una, como una estrella en el corazón de Dios y en el firmamento del universo, pero estamos llamados a formar constelaciones que orienten y aclaren el camino de la humanidad, comenzando por el ambiente en el que vivimos”, indica.

Y continúa: “Este es el misterio de la Iglesia que, en la coexistencia armónica de las diferencias, es signo e instrumento de aquello a lo que está llamada toda la humanidad. Por eso la Iglesia debe ser cada vez más sinodal, es decir, capaz de caminar unida en la armonía de las diversidades, en la que todos tienen algo que aportar y pueden participar activamente”.

Por tanto, “cuando hablamos de ‘vocación’ no se trata solo de elegir una u otra forma de vida, de dedicar la propia existencia a un ministerio determinado o de sentirnos atraídos por el carisma de una familia religiosa, de un movimiento o de una comunidad eclesial; se trata de realizar el sueño de Dios, el gran proyecto de la fraternidad que Jesús tenía en el corazón”, prosigue.

“Toda vocación en la Iglesia, y en sentido amplio también en la sociedad, contribuye a un objetivo común: hacer que la armonía de los numerosos y diferentes dones que solo el Espíritu Santo sabe realizar resuene entre los hombres y mujeres. Sacerdotes, consagradas, consagrados y fieles laicos caminamos y trabajamos juntos para testimoniar que una gran familia unida en el amor no es una utopía, sino el propósito para el que Dios nos ha creado”, subraya.

INVITA TODOS LOS ESTRATOS DE LA SOCIEDAD

El Padre Francisco Jordán quería utilizar las habilidades y la experiencia de todos aquellos que pudieran contribuir a la proclamación de la Buena Nueva y por eso abrió su Fundación a los sacerdotes diocesanos, a los científicos y a los profesores universitarios. En un período en el que aparentemente había un conflicto entre la ciencia y la religión, él estaba convencido que los mejores evangelizadores de los científicos podían ser los católicos cultos.

Francisco María de la Cruz Jordán se acercó también a todos los estratos de la sociedad, a los políticos, amas de casa, funcionarios, maestros, dueños de negocios y camareros.

Ninguna persona, lugar u objeto, debían estar fuera de su interés de proclamar a Jesucristo como Salvador del mundo. Con la ayuda de su gran amigo y colaborador, el P. Buenaventura Lüthen, un periodista de talento, se dedicó a dar a conocer su Fundación, a promover nuevas vocaciones, a establecer contacto con las personas importantes de la Iglesia y de los círculos civiles para que le apoyaran. También dialogó con fundadores de otros institutos religiosos con el fin de aprender de ellos. Prestó además gran atención a los bienhechores y colaboradores. Esta inmensa obra no podría sostenerse sin la ayuda de cientos de miles de personas de todo el mundo